viernes, 14 de octubre de 2011

FTERMOPILAS


     LAS GUERRAS MEDICAS
       La Batalla de las Termópilas
Durante la Segunda Guerra Médica se produjo un épico enfrentamiento (uno más entre los muchos que se llevaron a cabo en aquellos tiempos) en un estrecho desfiladero situado en la confluencia de varias pequeñas naciones griegas.
Este frágil eslabón comunicaba el norte de Grecia (en aquellos tiempos Tesalia era el limite del mundo heleno) con el resto del territorio habitado por los griegos.En su avance, el ejército invasor persa, que pretendía llegar a Atenas y Esparta, debía atravesar indefectiblemente aquella diminuta lengua de tierra. El consejo militar reunido por los griegos libres había decidido en primera instancia defenderse más al norte, en los pasos del Tempe (Entre Tesalia y Macedonia), pero al final, se impuso como mejor y de más factible defensa el paso de las Termópilas. Esta elección entregaba a los tesalios a la alianza persa, pues abandonados por el resto de los griegos se rendirían al invasor, pero al menos sí que era este el lugar mejor dispuesto para llevar adelante la estrategia de contención que habían decidido practicar contra a las innumerables huestes atacantes.

Leonidas, Rey de Esparta.
El Paso de las Termópilas era un largo y estrecho corredor. Delimitado a un lado por las montañas y a otro por el mar, se calcula que llegaba a medir, en su parte mas angosta, unos 15 metros de anchura. Hasta ese momento ninguno de los contendientes conocía una ruta alternativa ni cercana ni lejana por la que eludir aquel lugar de paso, así que sin duda era aquel el punto en el que los griegos detendrían a los persas. Una posición en la que de nada serviría la aplastante superioridad numérica del adversario.
Sin embargo, el plan tenía un punto débil, el mar.
Efectivamente, si bien por tierra resultaba factible causar al invasor más de un contratiempo, las cosas estaban mucho más difíciles en el mar. Al tiempo que los griegos se fortificaban en las Termópilas, la flota estaba obligada a clavar también en el lugar a la ingente flota que acompañaba el avance del ejercito persa.
Foto: Reconstrucción de la zona del paso en donde los griegos esperaron el ataque de los persas. (Livius.org)
Aunque los invasores no hubiesen podido expugnar el desfiladero defendido por los griegos, tarde o temprano la flota aliada tendría que haberse retirado ante las perdidas que día a día sufría en los combates navales.
De todas formas, los dos días que como veremos resistieron los griegos en las Termópilas supusieron un terrible golpe moral para las heterogéneas huestes dirigidas en persona por el rey Jerjes.

LA BATALLA
Decididos los griegos a detener el avance de Jerjes por tierra y mar, se fortificaron en el lugar previsto: el Paso de las Termópilas. Allí, un total de 10.000 griegos (1) se dispusieron a hacer frente al adversario. Las ventajas del lugar ya las hemos expuesto: su estrechez y su, teóricamente, imposibilidad de flanqueo. La escuadra, al mismo tiempo, y posicionada al norte de Eubea, haría otro tanto contra la numerosa flota enemiga.
Cuando tiempo después hizo acto de presencia el imponente ejército del Gran Rey, los griegos dudaron. Los procedentes del Peloponeso se preguntaron si no era mejor retroceder hasta el Istmo de Corinto, en donde se podrían defenderse en masa haciendo uso de todos sus recursos humanos. Sin embargo, esto provocaría la defección de todos los aliados situados allende del Peloponeso. Perdidos para la alianza los tesalios, a causa de su primera retirada en el Paso del Tempe, Leónidas no estaba dispuesto a renunciar a más contingentes helenos además de que, sin duda, la moral y el prestigio de los griegos en general se vería seriamente comprometida por este nuevo repliegue estratégico. Había llegado el momento de la lucha, no habría más retiradas.
arqueros persas
Cuando Jerjes llegó ante el desfiladero, ante el que lentamente se iban reuniendo sus ejércitos, descubrió la posición sus enemigos. Un explorador a caballo se adelantó entonces hasta el Paso tratando de averiguar algo sobre los hombres que lo defendían.

Los griegos se encontraban apostados en el interior del desfiladero; habían reconstruido deprisa y corriendo un antiguo muro que lo cerraba; allí se defenderían haciendo frente al invasor. El jinete persa se acerco todo lo que pudo con la intención de observar a los defensores del lugar y de hacerse una idea clara del número de los mismos.
En aquel momento los espartanos se lavaban y peinaban junto a la orilla, cosa que anotó sorprendido el persa, también pudo hacerse una imagen cabal de las dimensiones de las fuerzas griegas, datos todos ellos con los que corrió de vuelta al campamento que los invasores habían establecido más allá de la salida del Paso de las Termópilas.
Para el orgullo del Rey, la descripción del tan poco heterodoxo comportamiento de los famosos espartanos y del exiguo número de las fuerzas totales reunidas por los griegos causo en el mismo una desmesurada confianza.
¿Esos eran los famosos espartiatas, los mejores soldados de Grecia? Defendida la posición por tan pocos hombres despreció a todos ellos. "¡Traedlos a mi presencia!" ordenó (2). Un fuerte contingente de hombres marchó entonces hacia la entrada del desfiladero.
Y así, lo que a ojos de todos parecía un simple trámite, se convirtió en una autentica pesadilla para los asaltantes: la carga masiva de la infantería atacante se estrelló contra las primeras líneas de hoplitas que se defendían tras el muro focidio (los restos reforzados de la antigua construcción defensiva antes mencionada). Durante toda la jornada, una y otra vez, en masa o en grupos de apenas un puñado de hombres, los valientes medos atacaban hasta caer masacrados por los tenaces defensores. El armamento de los asiáticos -lanzas cortas y escudos de mimbre, además de un arco y un puñal- era del todo ineficaz en la lucha cuerpo a cuerpo contra las largas lanzas y los escudos de bronce que portaban los griegos.
Las formaciones cerradas que los helenos oponían a los asaltantes se demostraban de esta forma absolutamente infranqueables.

Este enfrentamiento se prolongó durante buena parte del día hasta que por fin, después de sufrir innumerables pérdidas, los atacantes se dieron por vencidos y, perdida toda su voluntad de lucha, no tuvieron más remedio que retirarse.
Profundamente contrariado, Jerjes, que observaba detenidamente la lucha desde su posición, ordenó el avance de sus inmortales. No podía permitirse ningún fracaso, por corto que este fuera, y mucho menos a la vista de sus ingentes pero heterogéneas huestes. El ataque, pues, de sus mejores soldados era la mejor opción que podía en ese momento adoptar.
Ya en la lucha, los inmortales (3), que vieron con impotencia como sus lanzas eran más cortas que las de sus adversarios, sufrieron de nuevo fuertes pérdidas en el combate contra los hoplitas.
Los espartanos emplearon con profusión la táctica de replegarse, simulando una huida, para luego revolverse y, rehaciendo inmediatamente la formación, contraatacar a sus desorganizados perseguidores; añagaza en la que estos caían continuamente y que les hacia sufrir un gran número de bajas a unos soldados, por otra parte, que reemprendían valientemente el ataque una y otra vez.
Al terminar el día, y pese a que las pérdidas griegas habían sido relativamente sensibles, la debacle persa era evidente (4).

Fue durante esa primera noche, después de una larga jornada de lucha, cuando Leónidas tuvo noticia de que había un camino de montaña que podía ser utilizado por los persas para flanquearle. Al lugar fueron enviados los hoplitas focidios, 1.000 hombres, con la intención de guarnecer el paso, aunque con la esperanza última de que el enemigo no supiese de su existencia.
Al día siguiente, en cuanto las primeras luces lo permitieron, Jerjes ordenó un nuevo asalto en masa de la posición enemiga reuniendo para ello a los mejores hombres de cada nacionalidad. Tenía la esperanza de que los agotados griegos no soportarían un ataque como el precedente, pero se equivocó. Allí estaban de nuevo las cerradas filas de hoplitas esperando la acometida persa. Durante un nuevo día oleadas de feroces atacantes se estrellaron dramáticamente contra la cerrada formación de los griegos.
Jerjes había amenazado a sus guerreros que de fracasar no tendrían lugar al que retirarse. Cuando los derrotados atacantes volvieron sobre sus pasos recibieron una lluvia de proyectiles de parte de las formaciones persas que se desplegaban fuera del desfiladero. Detenidos así en seco, los asiáticos no tuvieron más remedio que regresar e intentar batir de nuevo a los griegos, cosa que, evidentemente, no lograron.
Fue tal el ímpetu de unos y otros que los espartanos que combatían en primera fila no dejaron que sus compañeros o aliados les relevasen del puesto como era habitual en este tipo de largos enfrentamientos cuerpo a cuerpo.
Después de dos días de lucha continuada el inmenso ejército de Jerjes no había avanzado ni un solo metro. La situación no podía ser más desconcertante para el orgulloso monarca cuando el destino vino a entregarle en bandeja la victoria. La tarde del segundo día del ataque, un lugareño indicó al mismo Jerjes que existía un paso entre las montañas (la llamada senda Anopea) que podía ser utilizado para llegar al otro lado de las posiciones que los griegos ocupaban en el desfiladero. Sin pérdida de tiempo el rey ordenó al persa Hidarnes, a la sazón al frente de los Inmortales, tomar aquella ruta con sus hombres para, al amanecer, confluir desde todos los lados a la vez sobre los defensores griegos.
Cuando los focenses que defendían el paso se vieron aquella noche desbordados por una auténtica marea de persas, se replegaron confundidos hasta lo alto de una colina cercana aunque no sin enviar a la retaguardia en las Termópilas un emisario con la terrible noticia. En principio trataban los focenses de ganar tiempo atrincherándose en una posición fuerte, pero en realidad lo que hicieron fue dejar involuntariamente el camino libre a los persas que, sin dudarlo un momento, les dejaron inteligentemente de lado y prosiguieron con su avance en dirección al desfiladero.

CONTENIDO DE BATALLAS DE STALINGRADO

Batalla de Stalingrado

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Batalla de Stalingrado
Frente de Europa OrientalSegunda Guerra Mundial
Bundesarchiv Bild 183-B0130-0050-004, Russland, Kesselschlacht Stalingrad.jpg
Batalla en las calles de Stalingrado en Enero de 1943
Fecha: 17 de julio de 19422 de febrero de 1943
Lugar: Stalingrado, Unión Soviética
Resultado: Victoria decisiva soviética
Beligerantes
Bandera de Alemania Alemania Nazi
Bandera de Italia Italia
Bandera de Hungría Hungría
Bandera de Rumania. Rumania
Bandera de la Unión Soviética. Unión Soviética
Comandantes
Bandera de Alemania Friedrich Paulus
Bandera de Alemania Erich von Manstein
Bandera de Alemania Hermann Hoth
Bandera de Rumania. Petre Dumitrescu
Bandera de Rumania. Constantin Constantinescu
Bandera de Italia Italo Garibaldi
Bandera de Hungría Gusztav Jany
Bandera de la Unión Soviética Vasili Chuikov
Bandera de la Unión Soviética Aleksandr Vasilevski
Bandera de la Unión Soviética Georgi Zhúkov
Bandera de la Unión Soviética Semión Timoshenko
Bandera de la Unión Soviética Konstantín Rokosovski
Bandera de la Unión Soviética Rodión Malinovski
Bandera de la Unión Soviética Andréi Yeriómenko
Soldados
6° Ejército Alemán (360.000 hombres)
4° Ejército Panzer
3° Ejército Rumano
4° Ejército Rumano
2° Ejército Húngaro
8° Ejército Italiano
total: 1.000.000-1.300.000
10.250 cañones
675 tanques
732 aviones
Frente de Stalingrado, el Frente del Don y el Frente Suroeste:
Total: 1.100.000-1.700.000
15.501 cañones
1.463 tanques
1.115 aviones
Bajas
800.000 muertos y heridos
91.000 prisioneros de guerra alemanes
Más de 1.000.000 de civiles de Stalingrado muertos
478.741 muertos y desparecidos
650.878 heridos[1]
Campañas del Frente Oriental
Polonia (1939) · Finlandia · Balcanes (1941) · Barbarroja · Leningrado · Moscú · 1ª batalla de Járkov · Carelia · 2ª batalla de Járkov · Crimea · Cáucaso · Don y Volga · Marte · Demyansk · 3ª batalla de Járkov · Kursk · 4ª batalla de Járkov · Smolensk (1943) · Cruce del Dnieper · Korsun-Cherkassy · Kamenets-Podolsky Pocket · Bagration · Ofensiva Lvov–Sandomierz · Ofensiva Lublin–Brest · 1° Ofensiva Jassy-Kishinev · 2° Ofensiva Jassy–Kishinev · Báltico · Ofensiva Budapest · Laponia · Balcanes (1944) · Ofensiva de Belgrado · Polonia (1944) · Hungría y Austria · Prusia Oriental · Berlín
Campaña entre el Don y el Volga
Azul · Stalingrado · Urano · Wintergewitter · Saturno · Tatsinskaya · 3er Jarkov
La Batalla de Stalingrado fue un enorme y sangriento enfrentamiento entre las fuerzas alemanas y los ejércitos soviéticos por la ciudad de Stalingrado, actual Volgogrado, entre junio de 1942 y febrero de 1943, durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial. Con bajas estimadas de tres a cuatro millones de personas, entre soldados de ambos bandos y civiles, la Batalla de Stalingrado es considerada como la más sangrienta en la historia de la humanidad. Los alemanes la llamaron «Rattenkrieg», «guerra de ratas».
Después de que Adolf Hitler desviase fuerzas de la imparable Fall Blau hacia Stalingrado, se libraron dentro de la ciudad intensos combates urbanos, sin que ningún bando se hiciese con el control total de las ruinas. En noviembre de 1942, una contraofensiva soviética atraparía al 6º Ejército Alemán, que sería aniquilado cien días después.
La negativa de Hitler a renunciar a la importantísima ciudad, punto de entrada a la rica región petrolera del Cáucaso, significó la muerte de cientos de miles de soldados de ambos bandos, y más de un millón de civiles rusos. Stalingrado significó el fin de las esperanzas alemanas de capturar el Cáucaso y el Volga. Además, muchos oficiales del ejército alemán se convencieron definitivamentede que Hitler estaba llevando a Alemania al desastre, participando luego en el atentado contra Hitler de 1944.
Stalingrado confirmó lo que muchos expertos militares sospechaban: las fuerzas alemanas no eran lo suficientemente poderosas como para mantener una ofensiva en un frente que se extendía desde el mar Negro hasta el mar Báltico.

Contenido

[editar] Invasión de la Unión Soviética

Artículo principal: Operación Barbarroja
Influido por Karl Haushofer, Adolf Hitler pensaba convertir las tierras de la Unión Soviética en colonias alemanas.[2] Entre 1939 y 1941, la Alemania Nazi estuvo ocupada luchando con sus acérrimos enemigos del Occidente: Francia y el Reino Unido (véase Batalla de Francia y Batalla de Inglaterra); no obstante, Hitler nunca perdió de vista su verdadero objetivo: el este de Europa.
El 22 de junio de 1941, Alemania invadió la Unión Soviética, incluso cuando Inglaterra no había sido derrotada. Hitler, convencido de la debilidad soviética, creía que la invasión concluiría antes del invierno y prohibió a sus generales pensar de otra manera.[3] De esta forma, un día antes de la invasión, 3.050.000 soldados alemanes esperarían el inicio de la mayor operación militar hasta la fecha, distribuidos desde Finlandia hasta el mar Negro.[4] Unos 950.000 soldados de otras naciones aliadas de Alemania, acompañaban a los alemanes. Estas tropas desempeñarían un papel fundamental en el desastre alemán en Stalingrado, un año y medio después.
Para diciembre de 1941, era claro que el rumbo de la guerra en la Unión Soviética no era el que el Alto Mando Alemán había planeado, debido a que Leningrado y Sebastopol continuaban resistiendo en el norte y el sur respectivamente[5] y la ofensiva contra Moscú había llegado a un punto muerto. Entonces, cuando menos lo esperaban, los alemanes se encontraron luchando contra una contraofensiva soviética desde la capital rusa y tuvieron que afrontar el hecho de que, a pesar de haber matado y capturado a cientos de miles de soldados del Ejército Rojo en los últimos meses, de alguna manera el Alto Mando Soviético había encontrado reservas suficientes para emprender una poderosa contraofensiva. Tardíamente, los invasores comprenderían que, para fines prácticos, las reservas enemigas eran inagotables.
Habiendo fracasado en capturar Moscú, Hitler se centró entonces en los pozos petrolíferos del Cáucaso. A pesar de no contar con la aprobación de sus generales, Hitler se empeñó en capturar estos yacimientos, e incluso les reprendió, acusándolos de no saber nada de economía.[6] La Operación Azul, como se denominó la campaña alemana en el sur de la Unión Soviética, tenía como objetivos la captura de puntos fuertes en el Volga primero y, posteriormente, el avance sobre el Cáucaso.

[editar] «Operación Azul»: el camino a Stalingrado

Artículos principales: Segunda batalla de Járkov y Fall Blau

[editar] Avance hacia el Don

El 10 de mayo, el general Friedrich Paulus, comandante del 6° Ejército Alemán, presentó al Mariscal de Campo Fedor von Bock un esbozo de la «Operación Federico». Paulus había tomado el mando del 6° Ejército poco antes, después de que su anterior comandante, Walter von Reichenau, falleciera a consecuencia de un ataque cardíaco sufrido después de hacer ejercicio en la campiña rusa a temperaturas bajo cero. La Operación Federico significaba la consolidación del frente delante de Járkov, recién capturada por Alemania. No obstante, el mariscal Semión Timoshenko se adelantó a Paulus, ya que el 12 de mayo emprendió una contraofensiva desde Vorónezh, cuyo objetivo era precisamente la liberación de Jarkov, rodeando al 6° Ejército en un movimiento de pinza. Cuando 640.000 soviéticos junto con 1.200 tanques se lanzaron contra las fuerzas de Paulus, este se encontró al borde del desastre. Solamente la oportuna llegada del 1° Ejército Panzer de Ewald von Kleist permitió revertir la situación de la ofensiva, y en lugar de ser capturados, los hombres de Paulus ayudaron a los de Von Kleist a capturar los Ejércitos soviéticos 6º y 57º en Barvenkovo. Unos 240.000 soldados eslavos fueron capturados, fracasando la contraofensiva de Timoshenko.
El 1 de junio, Adolf Hitler y el mariscal Fedor von Bock presentaron a los generales del Grupo de Ejércitos Sur la Operación Azul en los cuarteles generales de esta unidad, ubicados en Poltava. Al 6° Ejército de Paulus se le encargó la tarea de limpiar Vorónezh, y luego dirigirse a Stalingrado acompañado del 4º Ejército Panzer de Hermann Hoth. Una vez allí, se encargarían de destruir los complejos industriales y de proteger el Cáucaso desde el Norte. En aquel momento, Adolf Hitler no consideraba necesaria la captura de la ciudad.
Para proteger los planes de la Operación Azul, se prohibió tajantemente la transcripción de órdenes; todo debía comunicarse de manera verbal. Sin embargo, el 19 de junio, un avión alemán que llevaba anotaciones personales del general Georg Stumme acerca de la operación fue derribado detrás de las líneas enemigas, y los papeles fueron capturados por los rusos. No obstante, después de que el general Filipp Gólikov los entregara directamente a Stalin, éste los rechazó como falsos, convencido de que Moscú seguía siendo el principal objetivo alemán.
El 28 de junio inició la ofensiva contra Vorónezh, hacia el sur de Rusia, y el error de Stalin fue obvio. Dos días después, las fuerzas de Paulus cruzaron el Donets, con el 2º Ejército Húngaro y el 1.º Ejército Panzer cuidando su izquierda y su derecha respectivamente. Debido al rápido avance alemán, Hitler decidió enviar parte de las fuerzas del 4º Ejército Panzer, que estaban atacando Vorónezh, al Sur. Esto significó un retraso en la captura de Vorónezh, lo que supuso que las fuerzas de Timoshenko, que escapaban hacia Stalingrado, tuvieran más tiempo para hacerlo.
El plan original implicaba que el 6° Ejército y el 4º Ejército Panzer cortaran la retirada a los rusos antes de que éstos se reagruparan, luego atacaran Rostov del Don y después fueran a reforzar las líneas defensivas del Cáucaso. Pero impaciente por el retraso, Hitler cambió el orden del plan, y en lugar de esperar a las fuerzas de Paulus y Hoth, ordenó que se capturaran Stalingrado y el Cáucaso al mismo tiempo.
No contento con esto, Hitler dividió al Grupo de Ejércitos Sur en dos fuerzas: A y B, y los colocó al mando de los mariscales Wilhelm List y Maximilian von Weichs. Sin esperar la opinión de Fedor von Bock, Hitler lo retiró del mando.
Aunque las reservas alemanas de combustible eran alarmantemente escasas, Hitler tomó otra decisión polémica: dividió las fuerzas que se dirigían a Stalingrado, quitándole las unidades mecanizadas al 6° Ejército de Paulus y desviando el 4º Ejército Panzer de Hoth hacia el Ssur, para ayudar en la captura del resto de las fuerzas de Timoshenko, que se esperaba tendría lugar cerca de Rostov del Don. A Hitler le obsesionaba la idea de anular los restos de las fuerzas de Timoshenko antes de que reforzaran Rostov, lo cual no se logró plenamente, ya que muchas se retiraron a tiempo. Rostov fue atacada y reconquistada por los alemanes el 24 de julio.

[editar] La ciudad

Avance Alemán hacía el Don, camino de Stalingrado; entre el 24 de Julio y el 18 de Noviembre.
La ciudad tenía una importante industria y era el nudo ferroviario más desarrollado de la línea que unía Moscú, el mar Negro y el Cáucaso, existiendo igualmente un puerto fluvial en servicio para la navegación por el Volga. La urbe se extendía unos 24 kilómetros a lo largo de la orilla oeste (derecha) del Volga pero con menos de 10 kilómetros de anchura. No existía ningún puente cruzando el río, empleándose barcazas para comunicar ambas orillas. La orilla oriental (izquierda) apenas estaba poblada. Es importante considerar que llegado el invierno, el Volga se hiela con una capa muy gruesa, permitiendo el paso de vehículos pesados.

[editar] «¡Ni un paso atrás!»

Artículo principal: ¡Ni un paso atrás!
Stalin había previsto una rápida caída de Rostov, por esta razón, el 19 de julio había ordenado que Stalingrado quedase en estado de sitio total y se comenzaron los preparativos para resistir a los alemanes, que se acercaban. No se permitió a los civiles abandonar la ciudad, para alentar a la milicia soviética con la permanencia de los habitantes.[7] No obstante, trabajadores clave de las industria armamentista fueron enviados a los Urales, para seguir trabajando allí.
El 16 de julio, el general Vasili Chuikov llegó al Frente de Stalingrado, para comandar directamente al 64º Ejército Soviético, cuyas principales unidades todavía no habían llegado. Chuikov encontró a sus tropas con la moral muy baja[cita requerida], y fue muy poco lo que pudo hacer para evitar ser obligado a cruzar el Don. Un alivio fue la llegada de la aviación rusa, que mantuvo ocupado a los Messerschmitt 109 alemanes hasta inicios de agosto.
El 28 de julio, preocupado por el avance alemán hacia el Volga, que podía dividir a Rusia en dos, Stalin prohibió la rendición sin importar las razones, y ordenó la formación de una línea en la retaguardia de la infantería que fusilara a todo soldado soviético que retrocediese sin permiso.[8] Esta orden de Stalin, la 227, muy pronto fue conocida popularmente como la orden «¡Ni un paso atrás!». Las condiciones eran tan precarias que muchos soldados rusos eran enviados al frente sin tener siquiera fusil, y andaban tras quienes los tenían para cogerlos cuando cayesen muertos. Asimismo, se obligó a combatir también a las mujeres a gran escala, de forma que fue la primera batalla en la que las mujeres combatieron codo con codo junto a los hombres. Además, el Ejército Rojo practicaba ataques masivos frontales a distancias mínimas, convirtiendo la batalla en una masacre.
Por su parte, confiado en el derrumbe del Ejército Rojo en sur de Rusia, Hitler ordenó que se iniciase el avance sobre el Cáucaso del Grupo de Ejércitos A, aunque Stalingrado aún no había sido tomada por el 6° Ejército de Paulus. En realidad, aprendiendo de sus errores pasados, Stalin había permitido la retirada de las fuerzas de Timoshenko, pero Hitler se había excedido de nuevo en subestimar al enemigo y no había considerado esto.

[editar] Avance hacia el Volga

A inicios de agosto, Hitler cambió de opinión de nuevo, y ordenó a las fuerzas de Hoth que se dirigieran al este, hacia Stalingrado, después de haberles ordenado inicialmente que fueran al sur. El general Hoth obedeció preocupado, ya que las órdenes cambiantes de Hitler les estaban restando combustible a sus tanques, del que estaba muy escaso. Por otro lado, el bombardeo alemán de Astracán en el mar Caspio había dañado las refinerías de la ciudad, y tomaría un tiempo repararlas, en caso de que lograran capturarlas.
El 9 de agosto, Stalin nombró a Andréi Yeriómenko comandante del Frente de Stalingrado, harto de los continuas derrotas de Timoshenko.
El 23 de agosto Stalingrado recibió su primer bombardeo proveniente de los Heinkel 111 y Junkers 88 del general Wolfram von Richthofen, comandante de la Legión Cóndor durante el bombardeo de Guernica. Se lanzaron 1.000 toneladas de bombas y se perdieron tan sólo tres aeroplanos. Murieron no menos de 5.000 personas ese día. En esa semana morirían 40.000 de los 600.000 habitantes de la ciudad.
El avance alemán por tierra procedía de Gumrak, y lo hacía de manera brutal y arrolladora. Ese mismo día, el 23, la vanguardia del 6.º Ejército alemán alcanzó el Volga. Los soldados estaban emocionados por haber avanzado desde el Don en menos de doce horas, y la moral estaba alta, confiando en una caída rápida de Stalingrado. Por el sur, el avance de Hoth era más lento, ya que Yeremenko había colocado la mayor parte de sus fuerzas contra el 4.º Ejército Panzer, además, Hitler le había quitado al general Hoth un Cuerpo Blindado.
El 29 de agosto, cuando las primeras líneas alemanas aparecían ya en el horizonte de Stalingrado, llegó a la ciudad Zhúkov, quien recientemente había sido nombrado Vicecomandante en Jefe, segundo después de Stalin.
Los primeros carros de combate alemanes llegaron a los suburbios el 1 de septiembre. En aquel momento convergían sobre Stalingrado, por el sur, las 29º y 14º Divisiones motorizadas; por el oeste se acercaban la 24º, 94ª, 71º, 76ª y 295ª Divisiones de infantería blindada; por el norte y hacia el centro de la ciudad, la 100ª División de cazadores, la 389º y 60ª División de infantería motorizada. La ciudad era defendida en ese momento sólo por unos 40.000 soldados contra el 6.º Ejército y el 4.º Ejército Panzer. Estas tropas no sabían (y no debían saber, por motivos de seguridad) que el Ejército Rojo preparaba una ofensiva a gran escala contra el 6.º Ejército alemán.
Stalin, que instaba a Zhúkov a salirles al encuentro e interceptar dichas fuerzas enemigas, replicaba:
¿No entienden que si entregan Stalingrado, el sur del país quedará separado del centro, y probablemente no podremos defenderlo? Además de perder nuestra principal vía fluvial, no sólo es una catástrofe para Stalingrado, sino para el país, dado que se perderá el petróleo también.
Se lanzó una contraofensiva que logró aliviar en parte la situación respecto del norte de la ciudad. La orden de Zhúkov era terminante: «¡No entreguen Stalingrado!».

[editar] La ciudad-osario

[editar] La llegada de Chuikov

Las fuerzas alemanas atenazaron Stalingrado. Hitler, que no había deseado la guerra de guerrillas en Moscú y Leningrado, ahora bramaba por la conquista de la ciudad: eso implicaba la guerra calle por calle, casa por casa, el tipo de combate para el cual la Wehrmacht no estaba preparada.
Este repentino cambio de objetivos halla explicación en el hecho de que la toma del Cáucaso había fallado a manos del mariscal de campo List, y por lo tanto, Hitler deseaba tomar la ciudad como una forma simbólica de ocultar la carencia estratégica de los pozos petroleros. De esta manera, Hitler se convenció a sí mismo que si lograba conquistarla, abriría de nuevo la puerta a esa riqueza.
El 12 de septiembre, Zhúkov destituyó deshonrosamente al comandante a cargo de las defensas de Stalingrado, Anton Lopatin por demostrar cobardía ante el enemigo al no poder contenerlo con el 62º Ejército, y fue reemplazado por el granítico e inflexible general Vasili Chuikov, un hombre muy eficiente y decidido que hasta entonces estaba a cargo del 64º Ejército, desplegado al sur de la ciudad.
Cuando Chuikov llegó al dantesco escenario, Yeremenko y Jrushchov le preguntaron: «—¿Cuál es el objetivo de su misión, camarada? —Defender la ciudad o morir en el intento», contestó firmemente Chuikov. Yeremenko observó a Jrushchov, y tuvo la certeza de que Chuikov había entendido perfectamente lo que se esperaba de él.
El nuevo comandante se encontró con menos de 20.000 hombres y 60 tanques, así como unas deficientes defensas. Chuikov reforzó las defensas antiaéreas de la ciudad y asimismo fortificó aquellos lugares donde se pudiera contener al enemigo, en especial la colina de Mamaev Kurgan y el barranco del río Tsaritsa. Además retiró la mayor parte de su artillería a la ribera oriental del Volga y fomentó el despliegue de francotiradores, entre ellos el famoso Vasili Záitsev.

[editar] Asalto alemán

El mismo día que Chuikov tomó el mando del 62º Ejército, Paulus se encontraba en Vinnitsa, en el Wehrwolf con Hitler, que quería saber cuándo caería la ciudad. Paulus se encontraba preocupado por los flancos de su 6.° Ejército, que estaban desprovistos de unidades mecanizadas de consistencia y eran resguardados por ejércitos de varias nacionalidades: rumanos, italianos, húngaros. Estas fuerzas de inferior calidad resultarían ser el talón de Aquiles de las fuerzas alemanas en Stalingrado, unos 20.000 soldados en aquel momento. No obstante, Hitler minimizó esta debilidad, convencido de que el frente soviético estaba al borde del colapso, falsa confianza que fue contagiada a Paulus.
El 14 de septiembre, se inició el primer intentó alemán de tomar la ciudad —que se pensaba sería el único intento— y la 71ª División alemana llegó al centro de Stalingrado, acercándose peligrosamente al embarcadero principal, la terminal de llegada de refuerzos soviéticos. En estos combates cae abatido el teniente Rubén Ruiz Ibárruri, el único hijo de La Pasionaria española, en la estación central de la ciudad.
Yeremenko alertó a Stalin de la llegada de más tanques alemanes a Stalingrado, por lo que se envió a toda prisa a la 13ª División de Fusileros de la Guardia del coronel general Alexander Rodimtsev, que había participado en la Batalla de Guadalajara como asesor. Esta división de élite perdió el 30% de sus efectivos el primer día, pero con la ayuda de Katiushas y de los francotiradores lograron mantener alejados a los alemanes del río.
La conquista de la colina de Mamaev Kurganen el centro de la ciudad se convirtió en una enconada lucha en que las banderas de ambos bandos ondearon alternadamente, ya que si los alemanes controlaban esta colina, su artillería dominaría el Volga. Los alemanes desplegaron todo un sistema de altavoces incitando a la deserción de los rusos. Muchos se pasaron y se convirtieron en hiwis y muchos soldados rusos también fueron fusilados por acción u omisión frente a la deserción.
Por el sur, el XLVIII Cuerpo Panzer del 4.º Ejército Panzer avanzaba hacia el centro de la ciudad. Un enorme silo de cereales fue aislado por las fuerzas alemanas, que fue defendido por soldados e infantes de marina soviéticos durante más de diez días. No obstante el poderoso ataque alemán, los soldados del Ejército Rojo resistieron sin agua ni comida, hasta agotar sus municiones y finalmente sucumbieron en un feroz combate cuerpo a cuerpo. El general Paulus decidió que el enorme silo sería colocado en la banda que sus soldados recibirían al conquistar la ciudad.
Probablemente este fue el momento más crítico para los soviéticos en la batalla, ya que los alemanes asaltaron al 62º Ejército en un momento muy grave. En efecto, el desastre solamente pudo ser evitado gracias a la rápida llegada de la 13ª División de Fusileros de la Guardia del general Rodimtsev, si bien esto fue reconocido después. La reactivación de la 8ª Fuerza Aérea Soviética, donde servía un hijo de Stalin, también fue importante.